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CAPITULO DOS ***** Fe y Guerra
“Un hijo viene a reclamar la Casa de su Padre.” Este viaje empieza con un mensaje sencillo pero poderoso. Es un anuncio y una declaración de identidad, como uno quizás conteste a la pregunta, “¿Quién anda allí?”
A muchos hablará de nada más que un fervor religioso sin fundamento, desesperación, o falsas esperanzas destinadas al fracaso. A otros proclamará la llegada de un hermano, en conjunto con la creencia que cada uno de nosotros somos hijos de Dios, el Padre. La verdad es, este hijo es una nave escogida, un enviado mandado entre nosotros para demostrar el gran amor de su Padre, para cumplir un papel específico, y más importante, para demostrar que nosotros no somos olvidados.
¿Cómo lo reconoceremos? La respuesta es clara. Si conocemos al Padre, seguramente conoceremos al hijo. Aquellos de fé lo reconocerán inmediatamente, y los que no la tienen reconocerán la preséncia de algo extraordinario cuando él llame.
Muchas de las situaciones que se nos presentan dependen en la fé. Nuestra habilidad para confiar completamente y sin vacilación. Fe, ya séa en Dios o en el hombre, es una creencia segura y confiada, que no depende de pruebas lógicas o evidencias materiales. Si usted tiene fé en Dios, usted está dispuesto a rendirse en Sus manos después de exceder los límites de sus propias habilidades. De lo contrario se rendiria a circunstancias irrefrenables sin esperanza.
Pero, fe en Dios va mano a mano con la lealtad, por lo que usted debe escoger un sendero – el de El o el de las voces más oscuras de la naturaleza humana y las influencias que engatusan cada uno de nosotros para sucumbir a ellas. ¿Es usted una persona de ese tipo de fé? ¿Ha escogido ya el sendero iluminado? Si la respuesta es sí, permita que estas palabras refuercen y profundicen su compromiso. Si no, o usted esta inseguro, entonces escuche con cuidado, y usted puede encontrar el valor para tomar el primer paso.
Fe en Dios, por naturaleza, reconoce que existencia abarca más alla de lo que los sentidos físicos pueden percibir. Lo que queda al acecho en las sombras más allá del horizonte de esos sentidos, es maravilloso y a la vez espantoso; fuerzas que aunque invisible están sin embargo activas en nuestra vida. Ellas hablan a nosotros sutilmente jugando sobre nuestros deseos, nuestras esperanzas y nuestros temores. Ellas comunican emocionalmente y a menudo sin una razón clara. Ellas nos mueven a los mas inspiradores trabajos de creatividad, bondad y humildad – y los mas horribles actos de crueldad, muerte y destruccion. Podemos ser criaturas de pensamientos libres, pero nosotros no estamos libres de las influencia sobre los senderos que escogemos en la vida.
Una gran Guerra esta ocurriendo. Pasa desapercibida y sus muertes incontables, aunque en número, ellos son menos comparados con cualquier holocausto del pasado. Esta es una guerra que empezó desde el momento que la humanidad tomó su primer aliento, y continuará descontroladamente hasta que de su último. Aunque la lucha sea dada en un plano tan ancha como la tierra o estrecho como una sola mente, el resultado no es menos crítico. La historia demuestra repetidas veces que los monstruos a menudo desovan de las más pequeñas y mas solitarias semillas.
Las casualidades de esta Guerra no son restringidas a los muertos, pero incluyen los abandonados, los hambrientos, los enfermos de mente y cuerpo, los que vagan sin lugar o propósito, y los que nunca nacerán. Somos confrontados con tales casualidades cada día. Tal vez usted es uno de ellos; quizás usted escoge ignorarlos.
Si usted ya está en esta Guerra habiendo escogido el buen sendero, entonces usted sabe que las armas más efectivas en su arsenal no son nada más que el amor, la compasión, la tolerancia y la paciencia. Y si usted no lo esta, escuche Su voz en las palabras de este libro.
El le llama para actuar ahora – en favor de sus niños, y todas las personas.
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