CAPITULO UNO

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Primer Mensaje

 

 

En un cuarto, iluminado sólo por el parpadeao de las velas, un monje solitario se levantó como si esperara por alguien. Viéndolo, yo supe que él era el primero con quien compartiría las palabras de mi Padre.

 

Me acerqué y hablé suavemente, diciendole que llevaba un mensaje. Entonces, mirando a los ojos del monje, le hice la pregunta que mi Padre me instruyó a hacer a todo aquel a quien entregaría las buenas noticias.

 

“¿Es usted un hombre de gran fé? Ya que sólo un hombre de gran fé puede oír el mensaje.

 

“Sí,” él contestó en un susurro.

 

“Entonces escúcheme.

Un hijo viene a reclamar la Casa de su Padre.”

 

 

 

 

El Monasterio de Montserrat, España

 agosto 2001

 

 

 

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